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Viaje Haedo - Bragado por Miguel Safian. 10 de la mañana de un domingo como cualquiera, domingo de verano, soleado, gracias a Dios, me encontraba remoloneando en la cama, ya, que la noche anterior compartimos un asado con un grupo de amigos ferromodelistas, hablando de trenes, viajes y esas cosas (la pasamos bárbaro), y bueno dije arriba. Ducha, unos amargos, charla con la familia y ganas de hacer algo ¿? Virginia y si nos vamos por ahí ¿A donde? No sé a cualquier lado, en realidad el lugar no es lo principal lo importante es en que vamos, en tren por supuesto. Y yo te acompañaría pero mañana trabajo. El tema quedo ahí. Me pase el almuerzo pensando ¿Qué hago?, Voy, no voy, me faltaba el empujoncito para decidirlo, entonces fue ella quien me alentó: Anda date el gusto no pienses más. Creo que no termino de decirlo que me encontraba bajo el agua dándome un baño. Luego preparar dos o tres cosas: maquina de fotos, termo, mate y algunos "morlacos" listo chau. Mientras viajaba hacia la estación de Haedo, recordada cuando hace años me subía al "Gran Capitán"; "Cataratas"; "El Independencia" armábamos un viajecito a cuyo, en "El Libertador" claro, vamos al sur decía el "Flaco" (gran amigo) entonces era "El Bahiense" o el "Lagos del Sur" y que sé yo cuantos otros viajes y pensar que la mayoría no corren mas que pena, al menos para nosotros que amamos los trenes. Entonces porque no disfrutar de un viaje en los que aun quedan. 18:30 horas, pasaje en mano y a esperar. Ah!!!!!! Mucho bla bla bla pero no conocen mi destino. A ver cuanto saben de los actuales servicios ferroviarios, tren diario 19 horas Haedo Si destino Bragado. Mientras hacia tiempo, caminaba por el anden, miraba las personas que también aguardaban y me preguntaba: ¿Este señor viajara en tren porque le gusta? ¿O por lo económico de su tarifa? Vaya uno a saber. Esta señora con una criatura y mas bolsos que brazos, parecía estar contenta. "Dale saludos a papa" se escucha por ahí y entre todos ellos uno que tomaba el tren porque si- De pronto "Ahí viene" Dijeron, miro mi reloj 18:59 "Que puntualidad" decía un señor mitad en serio y mitad en broma. Levanto la vista hacia el extremo este de la estación y la veo entrando al anden GT 22 a la cabeza, 9059, furgón postal Materfer, primera bar holandés, primera clase también Werspoor y dos turistas Materfer, que bárbaro como conozco de trenes decía por adentro y me reía. Subo, me acomodo en mi asiento y mientras miro por la ventanilla pienso ¿Cómo será Bragado? El tren llega 22:15 ¿Tendrá vida nocturna? ¿Será una estación en medio del campo y el pueblo a 5 Kms? Ojalá que no, me tendré que quedar o conseguiré ómnibus para regresar pronto, va no importa ya esta. Viajamos a poca velocidad, pasando Moreno, final del servicio eléctrico, para los que no conocen, aumentamos bastante la marcha, el paisaje cambia, menos casas, mas campo, otro aire, pasamos Alvarez, Las Malvinas, General Rodríguez, un grupo de chicos saludan agitando sus manos: ¿Le gustaran los trenes cuando crezcan? Seguro que si, la gente en las veredas disfrutando el aire fresco de la tarde, otros mateando, una pareja mayor sonríe entonces me imagino el dialogo: Viste viejo hoy pasa a horario y el responde con un si asistiendo con la cabeza mientras recibe otro amargo. Parece que recién subí y ya estamos en Lujan ¡Que rápido! Breve parada gente que sube, una parejita se detiene en el medio del pasillo ¿Acá? Dice ella -señalando un par de asientos vacíos- no mejor mas adelante dice el. Arrancamos el tren avanza a buena velocidad oscurece asomo mi cabeza, cámara en mano y clik, una curva me permite ver a la GT desplegando sus 2250 HP a pleno, sonidos del motor parecía mostrarla furiosa como si quisiera devorarse el acero bajo sus ruedas. Llegamos a Mercedes, todo tranquilo, sonido de campana y adelante. Miro mi reloj y deduzco mi señora pensara por donde andaré y la pregunta de mi nena: ¿Y papa cuando viene? Se fue a pasear en tren, - será su respuesta - , mañana vuelve. Ah!!!! Y seguirá en sus cosas. Con este sencillo viaje una humilde reflexión: Tomando al tren, en toda su dimensión, como medio de transporte, pionero en distintos puntos de nuestra geografía y que cumplió con un importante rol social ya que algunos o mejor dicho muchos pueblos crecieron y desarrollaron a la par de este, dependiendo en gran parte de su funcionamiento ¿por qué se lo dejo caer hasta el deterioro en que lo vemos actualmente? Coches sin mantenimiento adecuado, locomotoras semi desmanteladas y ni hablar de los servicios suspendidos, y en esto va un deseo que supongo será el de muchos (espero) que algunas vez volvamos a ver en las terminales ferroviarias esos expresos, con gente en los andenes, despidiendo a felices viajeros, porque no pueden negar que los viajes en tren tienen su encanto, una atracción especial, algo que seduce no se explicarlo, solo espero que sea pronto. Bueno siguiendo con el relato, las cooking with meg internet news blog music blog news tech reviews for you artists blog my puppy diary mobiles review blog for games art vivre child thing melody feel hotel thin earth areas movies critique big advices estaciones se suceden, M.J. García, típica construcción inglesa lo llamativo es que el largo total del anden, la mitad esta cubierto por maleza que llega casi a cubrir el típico cartel de madera, un paso a nivel, una callecita, una lamparita apenas, ilumina la esquina, Suipacha, una breve parada, Gorostiaga, próxima, Chivilcoy pasa informando el guarda vestido con su típico y gastado saco Beige con quien sabe cuantos viajes encima. En Chivilcoy Sud aprovecho para estirar las piernas, observo gente que sube, que baja, me siento y miro unos silos enormes y digo que buen tema para reproducirlo en nuestro tendido ferromodelista (me refiero al de A.Fe.Na.) con orientación nacional por supuesto y bueno a lo mejor. La oscuridad obviamente no permite apreciar mucho del paisaje, en Benitez me encontré con un estación casi a oscuras, es mas no había nadie a excepción de un perrito que ladraba al tren como diciendo: "Que haces acá, este es mi territorio" Al instante que sonaba un largo silbato de la locomotora como diciéndole al cuco "Bueno ya me voy" Pronto aparece en mi ventanilla el cartel de Vaccarezza, bajan muchos pasajeros, ya estamos cerca otra vez el guarda y Mechita linda estación, bien de campo, gente esperando algún familiar, amigo, novia, los encuentros ¡Que hacer negro! Dice mientras lo toma de los hombros "Che a horario eh!" Un poco mas adelante la silueta del cementerio de trenes que se recorta en la noche distingo vagones de carga, coches de pasajeros, todo pasa rápido y después de unos minutos, conforme al horario aparece ante mis ojos el final del viaje Bragado. Muy bien iluminada luce importante un anden en isla otro con su edificación en un solo cuerpo y todas sus dependencias bien identificadas con carteles, me quedo contemplando las maniobras de rearmado, la maquina va y viene, por esta vía por la otra. Lastima que no tengo flash Bah!!!, en otra oportunidad me consuelo. Y ahora hay que volver a casa, tendrá que ser en micro, el tren sale a las 8:00 horas (son casi las 23) pero esa es otra historia esa que a nosotros los ferrofilos no nos interesa espero hayan disfrutado del relato como yo del viaje, estoy feliz y ustedes también ojalá tengan un domingo como cualquiera y si es con trenes mejor. |
Viaje Temperley - Bolivar por Carlos Daniel Tieso. El viernes 5 de marzo tomé en la Estación Temperley el tren con destino a Bolívar, el mismo llega puntualmente a 19.15, estaba compuesto por la locomotora General Motors G-22 7902, todavía pintada con el esquema FA 1 y luciendo su sigla, para los que no saben la misma perteneció al Ferrocarril Urquiza y fue transferida a la U.E.P.F.P. a fines del '99; la misma venia arrastrando un coche primera (en el que subimos) y dos coches turista, luego de unos 5' continuó el viaje, realizando el mismo a marcha moderada, pasando la estación Ezeiza (fin del servicio eléctrico) pasamos por debajo del puente de la C.G.B.A. del ramal González Catán al puerto de La Plata, poco antes de llegar a la estación Vicente Casares (donde el tren no se detiene) podemos ver la gran planta procesadora de Loma Negra donde hay muchos vagones reformados en su playa esperando regresar a Olavarría, llegamos a Cañuelas (con gran movimiento de cargas frente a la estación por parte de Ferrosur), breve parada y aquí comienza el verdadero el viaje, nuestro tren es el único que circula por este ramal y los yuyos suelen pasar la altura de las ventanillas, pasamos la garita que comanda el desvío de "nuestro" ramal y el que va a Olavarría; Uribelarrea, pequeña estación donde baja solo una persona; cruzamos la peligrosa ruta 205, donde en 07/99 ocurriera el famoso accidente de la GT 9074 y la muerte de sus conductores; metros antes de llegar a Empalme Lobos (siguiente estación) podemos ver los viejos talleres donde quedan algunos cascarones de lo que fueron coches Wekspoor, mucha gente en la estación; no nos detenemos en Arévalo, Antonio Carboni, Elvira unas breves paradas, en Ernestina una buena cantidad de pescadores descienden en ella (el río Salado se encuentra a unos pocos metros), siguiente estación Pedernales, donde algunos adolescentes se reúnen en la estación para ver pasar el tren, Norberto de la Riestra cuyo edificio fue remodelado a nuevo, con una gran cantidad de gente en el andén y con un importante movimiento de ascenso y descenso; el mismo no se detiene en Martín Berraondo, arribando puntualmente a 25 de Mayo a las 23:15, donde descienden la mayoría de los pasajeros quedando unas 20 personas en el tren, aprovecho para descender y estirar las piernas, pasando esta estación se encuentran viejos talleres en los que quedaron algunos vagones y una pequeña grúa, donde la municipalidad hizo una plaza a partir de algunas ruedas y elementos ferroviarios en desuso; a partir de aquí la vía esta bastante mala y el tren no circula a más de 30 km/h, a poco de llegar a Islas (estación completamente cubierta de malezas donde no nos detenemos) se pueden apreciar los dos pilares con sus respectivos terraplenes de lo que fue el cruce del Ferrocarril Provincial a Mira Pampa; Valdés, Agustín Mosconi con poco movimiento, llegando a Huetel (estación en medio del campo y completamente a oscuras, con un auto descansando en el andén) donde sube una persona quien les había hecho señas con una linterna para que el convoy se detuviese, Del Valle en contraste con la anterior, muy bien cuidada e iluminada con su respectiva boletería funcionando; Hale siguiente estación donde el tren tuvo que frenar casi de apuro, ya que al hallarse la estación completamente carente de iluminación, una señora se hallaba esperando en el andén y fue visto por el maquinista a pocos metros de arribar a la estación; Mariano Unzué donde no nos detenemos y finalmente nuestro destino Bolívar, donde arribamos a las 2:20, con unos 15 pasajeros y unas pocas personas en la estación aguardando la llegada; el convoy luego de un descanso de 1 hora regresara a Plaza Constitución. Mi viaje llega al fin, con la alegría de que este tren sobreviva a estas épocas luego de tantos intentos por suprimirlo, pero al mismo tiempo con la tristeza de la gran cantidad de pasajeros que perdió, ya que recordando viajes que he hecho a principios y mediados de los '90 el tren contaba, los fines de semana con unos 6 coches, incluido el furgón, y hasta hace poco llego a contar con un coche pullman. Ricardo Daniel
Tieso |
Accidente en Saa Pereyra por Guillermo N. Ramos. Este relato es real y verídico, y fue protagonizado por mi hermano Daniel Osvaldo Ramos en su viaje del 24 de febrero con el estrella del norte. La historia es esta: Sábado 25 de febrero de 1978, 7:22 hs paso a nivel, Estación Saa Pereyra, santa fe. Semáforo en rojo, campanilla estridente. El tren " estrella del norte " avanza. Lleva 2.130 pasajeros. Alguien cruza las vías en ese instante. Maneja un camión con acoplado. Se llama Arnaldo Ruben Bianchini. Luego el choque y la tragedia. 55 muertos y 56 heridos. Esta es la historia. Estación Tucumán a las 6 de la tarde del viernes 24 de febrero la Estación Tucumán del Ferrocarril General Bartolome Mitre estallaba bajo el bullicio de la inminente partida del tren " Estrella del Norte " rumbo a Buenos Aires. Los pasajeros de primera, pullman y dormitorios, ocupaban ya sus comodidades, con mucho mas desorden los que viajaban en clase turista buscaba su coche y asiento, y los cientos que no lo tenían trataban de buscar una buena ubicación entre los siete clase turista. Daniel Osvaldo Ramos, hijo del superintendente de trafico de esta Estación Terminal, subió al coche dormitorio, ultimo de la formación, viajaría solo y al cuidado del camarero y del inspector de trafico Sr. Mateo Ponce por encargue de su padre ya que este viajaba por trabajo que realizaría en la línea, tenia entonces 16 años, en retiro lo estaría esperando el sábado su abuelo materno y su hermano menor, pero el tren no llego. Treinta grados de temperatura y un cielo límpido, era el manto de una estación atestada de gente, por un lado los que viajaban a Buenos Aires y estaciones intermedias, por el otro los familiares que despedían a estos, y además los que esperaban partir también desde esta estación rumbo a Salta, Jujuy, La Quiaca y sus intermedias. El Estrella del Norte aun no sale pasan los minutos y la gente se impacienta. Ricardo Flores, 52 años, Tucumano, guarda primero, se saca su gorra para arreglarse el pelo algo entrecano y seca su frente con un pañuelo, luego apoyado en el coche dormitorio mira hacia la ventanilla abierta cercana a el y su mirada se cruza con la de ramos, expectante y tranquilo. - ¿ no sale? - sale a las siete y veinticinco………. - ¿qué pasa? - hay que esperar el que viene de La Quiaca, tendría que haber llegado a las hs 14:00 ,…………..tiene que transbordar mucha gente con el estrella. Flores se encogió de hombros. Y ramos continuaba dialogando con su madre que en el anden se encontraba junto a dos mas de sus hermanos de 6 y 9 años, mientras su padre, recibía los informes de donde se encontraba el tren del Belgrano que debía combinar con el numero 14 de su ferrocarril. Personal de conducción y guarda 1ro de tren nro 14, su tren a sido despachado a las hs 19:23, flores escucho las dos campanadas, vio la señal, le pego un fuerte soplido a su silbato y agito el paño verde, dos minutos mas tarde el tren se sacudió en medio de un chirrido de ruedas, y los gritos de amigos, hijos, padres, madres, primos, abuelos, tíos, sobrinos, novios, novias, ........ transformando la estación en un bullicioso salón, quizás único himno de las grandes terminales messenger 7.5 ferroviarias. Mientras tanto un parlante anunciaba, personal de conducción y guarda 1ro de tren numero catorce, su tren a sido despachado, observando señales puede partir. Daniel miro por la ventanilla y vio como la estación se alejaba lentamente, hasta ya no ver mas los brazos de su madre que quedaban en el anden. Lentamente las casas y ranchos al costado de la vía se alejaban. El viaje Ya en viaje y llegando a la banda, ramos terminaba de leer esa revista en la que un pato afortunado se burla de otro signado por la mala suerte y de las pillerias de sus tres sobrinos. Ya en la banda, los revisores golpeaban con sus martillos varias partes de los equipos que se encontraban bajo el piso de los coches, mientras otros empleados cargaban agua a los sedientos coches de la larga formación. Y mas, mas pasajeros abordaban aquel tren, felices por llegar a la gran ciudad el día después, mientras muchos que ya venían desde Tucumán, se pertrechaban de alimentos y bebidas en el bar y los quioscos de la estación santiagueña, unos sandwichs y gaseosas cenarían la gran cantidad de pasajeros una vez que deje la banda. Nuevamente el silbato y el paño verde, despachaba el tren con mas almas a bordo, esta escena se repetiría en Forres, Fernandez, Herrera, Colonia Dora, Pinto, Ceres, Sunchales y Rafaela. La noche En pinto el tren se retrasa aun mas, esperando el cruce con su par que procedente de retiro tenia como destino Tucumán. La formación quedaba fuera del anden casi cuatro coches por detrás en medio de una oscuridad tan solo iluminada por una vieja columna del F.C.C.A. con un foco de 40 wt y la blanca luz de los Pullman Hitachi, que con su ronronear perturbaban la tranquilidad de la noche. Se produce allí el relevo del personal de conductores que tendrían a su cargo la GT 22 CW 9212 hasta rosario, el destino seria otro. Bianchini sube al camión casi simultáneamente a la salida del Estrella del Norte desde Ceres, Arnaldo Ruben Bianchini, 28 años, casado hace 3 con blanca lidia Martinez embarazada de tres meses y una hija de un año y medio. Arnoldo trabaja como camionero del frigorífico Santa Elena de Paraná, Entre Ríos, la Provincia donde nació. A las hs 3:45 del sábado subió al camión Ford F 600 modelo 1976 con caja y acoplado térmico Helvética. La cabina celeste, el resto una larga mole de aluminio que vacío pesa 12.000 kg, había sido cargado con 25.000 kg de grasa comestible y latas de corned beef, debía llegar a Córdoba con su carga. Y cuando puso en marcha su camión ya tenia pensado el itinerario, la avenida Almafuerte, la Ruta 18, el tunel subfluvial, la Ruta 19. La Ruta 19 era una ruta mas para Bianchini y su acompañante Ruben Bonaldo de 26 años, pero esa ruta a la altura de Saa Pereyra, un pueblito de Santa Fé de 2.000 habitantes se cruza con las vías del Ferrocarril General Bartolome Mitre. Amanecer en el tren El tren atrasado en su partida y después de haberse detenido en varias estaciones llevaba ya dos horas y ocho minutos de atraso, eran las siete de la mañana y Ramos y Ponce se aprestaban a ir en minutos mas al coche comedor a desayunar, las sacudidas del tren eran fuertes y tanto Ponce como el inspector Ochonero jefe del tren, dialogaban en el pasillo y calculaban que iría a un poco mas de 90 km x hora, velocidad apta como para recuperar algo de tiempo perdido, el coche iba en silencio, casi todos los pasajeros dormían. Las 7:22 " el desastre " Faltaban unos dos mil metros para el cruce, y el maquinista Antonio Gore hizo sonar el silbato de la locomotora porque sabia que estaba cerca de un paso a nivel peligroso. La alarma del cruce hizo sonar su chicharra estridente al tiempo que se encendían los semáforos rojos intermitentes. Bianchini llegaba entonces al cruce cuando un micro de la empresa El Serrano pasaba por las vías, había otros vehículos detenidos a ambos lados del paso a nivel, pero Bianchini siguió al colectivo que pudo ser un desgraciado acicate y acelero para pasar, cuando al mirar a su derecha vio venir el tren y oyó esa terrible bocina, piso mas su acelerador, al que el pesado camión respondió despacio, muy despacio. Eran las hs 7:22 de la mañana. Héctor González, un vecino del lugar a solo metros del paso a nivel vio al colectivo pasar y no pudo menos que pensar "!!! Que bárbaro ¡¡¡ " y mas sorprendido quedo cuando vio al segundo vehículo, " el camión " que quería ganarle una carrera al tren, penso lo peor, y paso lo peor , González no podía creer lo que veía y se agarraba la cabeza con las manos, vio el impacto, quiso gritar, grito, pero ya la historia no podía volver atrás ni siquiera tan solo unos segundos. El estruendo y el acoplado pulverizándose volaba por el aire en medio de una nube de polvo, tierra, pastos y raíces. La locomotora había saltado de las vías y se desplomaba volcando paralelo a las ellas, el tren siguió su recorrido por cientos de metros hasta que los dos coches del centro se fundieron incrustándose en un abrazo de hierros y maderas, se escuchaba entonces el alarido de espanto y dolor que creció y después se fue apagando hasta convertirse en un coro desentonado de quejidos. . Después del horror Ramos y Ponce sintieron un terrible golpe seguido de una fuerte frenada, (producto del derrape de los once primeros coches que se salieron de las vías) de pronto todo quedo inmóvil, luego corrieron por el pasillo ya con muchos sorprendidos ocupantes que intentaban bajar de la formación y entraron a los pullman, allí el caos era mas severo, los 52 pasajeros de su capacidad colmada intentaban salir en medio del espanto y las valijas y bolsos que al caer de los portaequipajes estaban desparramados entre los asientos y el pasillo central, en el coche comedor los asustados mozos quedaron anonadados después de ver como las mesas preparadas ya para el desayuno quedaron vacías en segundos, y un millar de astillas y trozos de loza se desparramaron por el piso, la cocina bañada en agua hirviendo dejo caer gigantescas ollas que se calentaban para sofocar la demanda de miles de termos y mamaderas que en algún tiempo mas llenarían. Los cocineros muchos quemados y gritando de dolor, cocinas abiertas perdiendo gas, vajilla sembrada por doquier, botellas rotas que salieron disparadas de los cajones hacían parecer a este coche en un campo de batalla con humeantes superficies de vapor y de angustia. Mas tarde una vez abajo vieron los restos del camión y no pensaron que la cosa era peor, corrieron por los yuyales mojados por el rocío de la noche e intentaron llegar hasta el camión luego de cruzar una zanja, ya en el comprobaron que Arnaldo y su compañero no estaban y al girar la vista en dirección hacia donde iba el tren vieron una sombra grande y negra recostada a ciento veinte metros del paso a nivel, era la locomotora que humeante Guardaba en su cabina los cuerpos de Gore y su preconductor, hacia el corrieron nuevamente pasando en su alocada carrera al lado de los coches incrustados, es terrible lo que ocurre, pensaron y mientras gritos de gente ensangrentada bajaba de los coches, continuaron hasta la 9212 donde encontraron lucido al preconductor y muy mal a el conductor, Ramos tomo su pañuelo y se lo puso en el ojo a Gore, luego con la ayuda de Ponce el compañero y otros que se acercaron sacaron a el maquinista de la maquina y lo acomodaron a la sombra de la mole volcada. Los minutos pasaban y la ayuda no llegaba, entonces ramos fue hasta el furgón, semivolcado y saco el teléfono a magneto y las cañas que colgaron junto con Ponce en los cables del poste telegráfico, luego de varias descargas eléctricas recibidas por lo mojado que estaban, logran dar la alarma que fue recibida por Galvez, Rafaela y mas tarde Rosario Norte. Al rato, transformado en un tiempo eterno comenzaban a llegar los primeros bomberos, policías y acaso los dos mil pobladores del lugar. Un pequeño gran pueblo Los habitantes de Saa Pereyra, superados por un centenar de los pasajeros del tren se fueron multiplicando para ayudar, obedecieron ordenes de policías y bomberos que fueron llegando desde San Gerónimo, Esperanza, San Francisco, Rafaela, Galvez, Rosario, Santa Fe, Paraná, y otros pueblos vecinos. Aparecieron presurosos con sus chatas, sus camionetas destartaladas, sus damajuanas llenas de agua, sus limpios trapos para usar de vendas, sus herramientas de trabajo, sus escaleras y todo su coraje. A la hora del accidente muchos ya se habían levantado y se preparaban para un sábado, día laboral algo mas tranquilo que los del resto de la semana, ya de por si tranquila. Pero cuando se enteraron del siniestro, la pachorra sabatina se termino. Y cuando los heridos que eran muchos llenaron la sala de primeros auxilios de dolor y de sangre, de llanto y de gritos se atiborro, todo un pueblo vio al vecino Mignola llevar en brazos una chica muy herida hasta su humilde casa, y a don Sebastián el panadero socorrer a un muchacho con la cabeza ensangrentada, estos solo casos de los muchos que protagonizaron los valientes pobladores. Horas después, el Jefe de Policía de Santa Fé Coronel Carlos Alberto Ramírez, que encabezaba el trabajo de sus hombres, pregunto asombrado quien es ese paisano corpulento que con la cara bañada en lagrimas ayudaba a cargar cadáveres en una camioneta policial. " es Oscar Giorda" le dijeron, y volvió a preguntar ¿ policía del pueblo ? " no señor, no, el es un vecino nomás". El coronel sintió mucho respeto por ese paisano. A su lado quién le daba las respuestas, un hombre de camisa a cuadros y pantalón gris, no se paro en demasiados protocolos, era alto y canoso, Adolfo Bessone, intendente del pueblo desde hacia veintisiete años. Cuando el caos termino siendo organizado, el sol pegaba con 33 grados de temperatura. Jose Luiseto abrió la puerta de su casa, y con voz nerviosa le dijo a clara, su mujer: saca todo de la cama y prepara agua hervida, clara entendió sin mayores explicaciones. Juntos atendieron a tres heridos hasta que 5 horas después un medico llego a su domicilio. Ejemplos de vida, valor, coraje, abnegación y solidaridad se vivieron por doquier, en aquel pequeño, pero gran pueblo. Bianchini detenido en la comisaria de Saa Pereyra, lo ubicaron en una habitación para el personal ya que no tiene calabozo, porque el delito mas grave del pueblo no pasaba mas allá de una fuerte borrachera, el recinto de paredes rosas surcadas por unas raras manchas de humedad que la enegresen formando raros dibujos, que tal vez en la imaginación de Bianchini forman ahora la imagen de un camión siendo arrollado por un tren. Con un acoplado destruido al costado de las vías, y el semáforo con campanilla estridente funcionando casi hasta dos horas después del choque, cuando fuera desconectado. Domingo 26 - Cementerio
de Saa Pereyra, 55 víctimas esperan ser reconocidas por sus familiares.
Guillermo Nestor Ramos Hermano de Daniel Osvaldo Ramos recopilación de datos de los testimonios de su hermano, y de la revista gente. General Pacheco 25 de febrero de 2001. |
Martita por Resolana. Estaba sobre un bastidor, así se denomina a una pequeña especie de balcón de las máquinas diesel del ferrocarril. Resulta que un día yo estaba sentada allí y observaba tranquila un atardecer naranja que aparecía tras una gran playa de maniobras de un tren de carga. Habían pasado pocas horas del día de año nuevo y todo el mundo estaba en sus casas, seguramente durmiendo todo lo que la noche anterior habían estado festejando. Yo no había festejado año nuevo, había pasado esa noche mirando los fuegos artificiales desde lo alto del techo de un coche viejo de correos del ferrocarril San Martín. Los había visto de todos los colores y todos los dibujos que pueda una persona imaginar, estrellas gigantes, las orejas y la cabeza de Mickey, hasta unos globos imitando a esos globos gigantes en los que viaja la gente y que son llevados por un fuego que los hace inflarse. Todo había visto esa noche calurosa mientras comía los restos de asado que habían quedado del día anterior. Me quedé hasta tarde observando atenta y lejana el crepúsculo. Escuché, de pronto, una bocina chillona, eran cerca de las seis y veinte de la tarde y pasó un tren color azul, blanco y rojo a toda máquina. Parecía que se lo llevaba el viento. Allí tan sólo comenzó la aventura. Un día después volviendo a ver el atardecer apasionada como toda una poeta que era en aquella época de mi juventud, el destino me enfrentó una vez más con aquella bocina. Esta vez traté de incorporarme lo más rápido que pude para ver aquel tren que pasaba y dejaba su estela de incógnita y misterio en la vía y en mi vida. Vale aclarar que entre ese tren y el lugar donde yo estaba habían aproximadamente diez vías del tren de carga de distancia y lograba verlo tras una arboleda gigante donde estaban las vías de los trenes locales, por donde éste pasaba. Día tras día, semana tras semana, lo escuchaba y cada instante que pasaba crecía en mí una especie de amor, mezcla de incoherencia y fraterna familiaridad. Así fue como un buen día (de esos), decidí ir en busca de aquel, para mí, famoso y aclamado tren. Caminé hasta la estación Santos Lugares como solía hacerlo cuando salía de paseo, pero esta vez sería diferente, porque ahora iba a tener muy cerca ese tren... Zum...tututuc,tututuc,tutuc... tutuc,tutuc... tutuc,tutuc... tutuc... La máquina, el furgón y dos coches. Pasaron como tiros. Me quedé mirando en la distancia cómo se veía el tren de atrás y me dio una especie de cosa en el pecho que no podría explicar. Es algo que sólo se puede vivir cuando hay un tren, una persona y ese tren se está yendo cuando esa persona quiere que el tren se quede, pudiendo o no, saber el porqué. Mi caso era el último. Empezaba a darme cuenta de que ese tren se había metido en mi corazón de una forma inexplicable. Pensé, y razoné que no podía querer aquello que no conocía, entonces cuando llegó el próximo tren local subí, y le pregunté al guarda qué tren era aquel que yo había visto. Demás está decir que con mis explicaciones, el guarda tardó unas tres o cuatro estaciones en descifrar de qué tren estaba yo hablando. Me dio varios datos y el primordial: salía de Retiro todos los días (eso lo sabía), a las 18:00 hs., y que su destino final era Iriarte. De allí nomás, tomé el tren para el otro lado y me volví para Santos Lugares, adivinen qué... muchísimo más expectante que antes. Al día siguiente, me levanté bastante más temprano, salí a ver el amanecer de verano y me dije: - hoy voy a viajar en ese tren. A la tarde, cerca de las cuatro caminé hasta la estación Santos Lugares y me tomé el tren para Retiro con todos mis bolsos empacados. Recuerdo todo como si fuese hoy. Primero pasamos por la estación Saenz Peña y cruzamos un puente grande que dividía la Capital Federal de la Provincia de Buenos Aires. Después había al costado un arbolado muy hermoso y casas muy costosas, rápidamente llegamos hasta la estación Devoto, podría definirla como cálida y pueblerina. Hermosa. Volvimos a salir y la próxima fue Villa del Parque. Una estación grande como la de Devoto, pero diferente, era alegre, tenía gente por doquier y una calesita a un costado con muchos niños montados a caballo, eso me gustó mucho. Luego tomamos una curva pasando por debajo de un puente y aparecimos en La Paternal, una estación muy pequeña que en algún tiempo debió haber sido para los trabajadores fabriles. De allí, con una curva pronunciada, aparecimos en el apeadero de Chacarita, y salimos pronto, el viaje se había vuelto muy interesante, ahora todo me fascinaba. El tren empezó a subir poco a poco del nivel del suelo y aparecimos fugazmente en la flamante estación Palermo. Allí en las alturas. Desde arriba todo era más emocionante. Todas las avenidas se veían hermosas, los puentes que parecían jaulas por donde pasaba el tren, todo era increíble. Pasamos, finalmente, por un puente gigante jaula, como los anteriores pero había vías de otros trenes por debajo. Instantes después el tren "aterrizó", en el andén 5 de la estación Retiro. Me bajé, bajé todos mis bártulos y me acomodé en uno de los bancos verdes de la estación que, por cierto, eran bastante cómodos. Al rato veo pasar por allí un muchacho de barba muy roja y ojos azules y le pregunté si sabía desde qué plataforma salía el tren que iba a Iriarte, me dijo desde la 2. Tan luego le pregunte si podría conseguir pasaje, por la hora, ya que se había hecho un poco tarde y no quería, por nada del mundo, perderme el viaje. Entonces tras un rasgo de risa en su rostro me indicó que en la boletería conseguiría todos los pasajes que quisiera y se fue. Yo quedé un poco confundida por la respuesta, pero tomé mis cosas y me dirigí hacia el hall a sacar el boleto que permitiría conocer finalmente ese tren. Eran seis menos cuarto en aquel reloj de la estación cuyo cuatro eran cuatro palitos en números romanos (llll), eso me llamó la atención, y arriba del seis decía F.C.G.S.M., ese detalle también me llamó la atención y me gustó. ¡Y por fin venía bajando la formación del...!- - ¡Martita!... Me quedé trabada en el grito porque aquel colorado que me había indicado dónde tenía que sacar el boleto, venía corriendo por la plataforma gritando: - ¡Martita!, como se imaginarán yo no entendía nada, lo peor es que lo miraba al maquinista como llamándolo y yo pensé entre mi: ¿el maquinista se llamará Martita?. Llegó hasta donde estaba el maquinista y le entregó un par de papeles e intercambiaron palabras. Yo subí al tren (con la duda, todavía), acomodé mis bártulos y me senté cómoda. Al rato, aparece el guarda enfundado en gris, con una camisa blanca y un gorro al tono, observé que el colorado aquel seguía en la plataforma como despidiendo el tren, y luego el guarda hizo sonar su silbato anunciando la partida, el tren dio un bocinazo y nos fuimos. Todo el viaje estuvo bastante divertido, hasta que llegamos a la estación José C. Paz, en donde el tren prácticamente se llenó. Como yo estaba sentada en el primer asiento, el guarda se sentó a mi lado, y empezamos a conversar. Me contó que había nacido en España, que de muy chico se había venido a la Argentina, y que había empezado su trabajo en el ferrocarril como cambista. En fin, la cuestión fue que le fui preguntando cosas sobre este tren y allí me saqué la gran duda, al tren le decían MARTITA, porque hacía muchos años había una chica que trabajaba en el tren que se llamaba así. Lógicamente no le conté la confusión mía sobre aquello con el maquinista. Me dijo que él iba hasta Junín, y que lamentablemente, el tren hoy sólo llegaría hasta allí porque la máquina tenía algunos problemitas. Yo le dije que no tenía dónde quedarme porque viajaba como turista hacia Iriarte, entonces me recomendó algunos hospedajes económicos en ese pueblo y me dijo que no me hiciera problema porque en Junín esperarían micros que nos llevarían hasta Iriarte a aquellos que íbamos para allá. Al rato, entre charla y charla habíamos pasado un par de estaciones, ahora estábamos parando en Mercedes P. (así decía el cartel), eran cerca de las 8:20 hs. de la noche. Le dije de qué forma había conocido el tren y se sorprendió ya que el Martita es un tren social, no turístico, aunque en Junín me encontraría con la Laguna de Gómez, que es extensa y hermosa por donde se la mire. El tren arrancó lentamente, ya que estaba oscuro y había cerca un paso a nivel. Después de allí cerré mis ojos, y el guarda me despertó, cerca de Junín, en efecto, al asomarme por la ventana vi muchísimas luces en el horizonte. Eran cerca de las once y media de la noche, y arribamos a Junín. Pasamos por un galpón grande que tenía máquinas del tren de carga y al ratito aparecimos en la estación. Era un poco rara, los carteles eran de color celeste y blanco, saludé al guarda atentamente y me indicó dónde tenia qué esperar al micro junto con la demás gente. Caminamos por el andén y enfrente había una plaza con una especie de rueda cortada en un costado, no pude ver bien porque era de noche y al otro lado, había un galpón en donde entró la máquina que nos había traído, me dirigí hacia la calle del paso a nivel, ya que los micros tardarían en llegar y allí vi una máquina a vapor gigante. Toda de color negra, no pude verla con detenimiento porque era de noche y por ese lado no había tantas luces, sólo vi su número: 2206. Al rato llegó el micro, la noche estaba calurosa. Subí desperezándome y con ganas de tomar un mate, otro guarda subió y nos dijo que él nos iba a acompañar hasta Iriarte. Este era canoso y también estaba todo vestido de gris, era cuarentón a diferencia del anterior que acusó sus cincuenta y ocho años con entereza. Otra vez me senté en el primer asiento, pero esta vez el guarda se quedó cerca del chofer. Entramos a dos pueblos, Vedia fue uno y el otro fue Alberdi, al menos esa era la estación a la que correspondía entrar el tren. El viaje tardó más o menos una hora y llegamos a Iriarte. Me dejaron enfrente de la estación, no pude ver mucho, aunque ya la hora se acercaba a las dos de la mañana. Busqué el papel en donde tenía escritas las direcciones que me había dado el guarda que me acompañó hasta Junín y había uno que estaba en la calle Ugarte 535. La verdad es que no sabía ni donde estaba parada pero quería investigar ese tren y estaba en su cabecera e iba a encontrar de alguna forma esa calle. Cerca de la estación había una casa con las luces encendidas, había gente adentro, como una familia festejando un cumpleaños, o algo por el estilo. Decidí asomarme por la ventana y preguntar por el "Hotel Iriarte" (¿no habrán pensado estratégicamente en el nombre?). El asunto fue que me asomé y todo el mundo se dio vuelta, les pregunté por el hotel, pero me dijeron que estaba cerrado por cuestiones de seguridad y que se abría al público desde las seis de la mañana. Le dije que muchas gracias y cuando me estaba yendo a ver donde podía descansar con mis bolsos a cuestas, me preguntaron cómo había llegado si el tren se había quedado en Junín, les comenté cómo pasó todo desde la ventana y cordialmente me invitaron a pasar. Cuando entré todos se presentaron, era una reunión
familiar, la abuela, la más anciana (que por cierto, por la hora
y las botellas de evidencia, estaba bastante lúcida), me comentó
que un hijo de ella trabajaba en el ferrocarril, y que esta noche no podía
estar allí porque tenía que trabajar. Llegué al hotel y el recepcionista me informó cómo era Iriarte y yo le dije que sólo me quedaría un día. Es que no tenía más plata porque, el dinero que tenía eran unos ahorros que no iban a durar mucho. Este recepcionista me dijo que en Iriarte no había mucho trabajo que si quería trabajar me convendría ir a Junín. El tren llegó a la noche muy tarde y decidí marcharme a Junín. Llegué allí a las cinco de la mañana. La estación estaba con la gente que se tomaba el tren y una vez que éste partió nadie quedó allí. Salí por la avenida que estaba en el paso a nivel, y caminé hasta llegar a una plaza grande y después, cruzando una avenida ancha estaba la estación de micros. A lo lejos ví un letrero que decía: "Hotel". Me dirigí hasta allí y le comenté al conserje mi situación sobre el dinero y que necesitaba conseguir trabajo. Me dijo que por un día me dejaría pero que tendría que pagarle y me recomendó algunos trabajos por día para poder conseguir algo rápido e ir buscando de a poco algo fijo. Decidí quedarme allí, algo muy extraño me estaba uniendo con aquella ciudad, algo en el aire, extraño pero familiar. Era tarde y empecé a caminar para conocer las calles de la ciudad, me senté en un banco de la estación dormité una especie de siesta hasta que un tren carguero me despertó trayendo la luz tierna de la luna y su manantial de estrellas que brotaban en la oscuridad. Fui hacia el hotel y al día siguiente, salí en busca de trabajo. Luego de una larga mañana recorriendo la ciudad en busca de empleo, casi por convicción, fui a la estación del ferrocarril y me quedé observando para ambos lados, vale decir que en Junín siempre hay, en las vías que están paralelas a donde pasa el Martita, vagones de carga esparcidos como en una pequeña playa de maniobras. Es hermoso, siempre se escucha una máquina diesel respirando escondida entre los tantos vagones. También llegan los trenes de Mendoza con aproximadamente cincuenta y dos o cincuenta y tres vagones. La cuestión es que al rato de estar ahí ví a un señor todo lleno de grasa con un mameluco que estaba cruzando la vía a unos metros míos y se dirigía hacia el galpón. Lo llamé para ver si él sabía de algún puesto en el ferrocarril. De buenas a primeras me observó con mala cara entonces, y sin pensarlo, me acerqué y me presenté, le volví a contar toda la historia de cómo conocí al Martita y al parecer le caí en gracia. Me comentó que ellos estaban trabajando con una máquina, la 6417, una belleza de máquina, una trompa sutil, un tablero alegre y una respiración un tanto agitada: problemas en el escape. Luego de una charla y unos mates con este hombre, cuyo nombre era José Luis, comencé a replantearme qué era realmente lo que yo estaba buscando allí, en ese tren, en ese lugar. Así fue como dos años después logré comenzar a estudiar Ingeniería Mecánica en Junín, en donde me instalé definitivamente y con la ayuda de José Luis y su esposa, y el apoyo de gente que fui conociendo logré financiar y seguir mis estudios y conseguir un muy buen puesto en el ferrocarril. Por extrañas que nos parezcan ciertas cosas que nos pasan en la vida, nos pasan por algo; hay que aprender a sacar lo mejor de cada situación por más difícil que esta sea y no perder jamás la convicción de buscar aquello en lo que creemos, por más insólito que parezca. La felicidad está adentro de cada uno y se refleja en todas las cosas que nos rodean, así como todos los demás sentimientos. Está también en cada uno la oportunidad de encontrarla en alguna parte de su propia vida.
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Viaje a Cañuelas por Juan I. Roncoroni. El Sábado 28 de Febrero del 2001 partí con mi auto (Fiat 147) y mi "feliz" novia hacia Cañuelas, el viaje había estado en duda por la gran tormenta que hubo la noche anterior pero gracias al dios de los trenes (si es que lo hay) se pudo hacer. Sali a las 7:30 de la mañana y al llegar a Ezeiza opte por seguir por la ruta 205 en ves de ir por la autopista, ya que la 205 va costeando la vía en todo el recorrido entre Ezeiza y Cañuelas, y esto dio sus frutos por que al llegar a Vicente Casares me encontré con la 9049 y la 9007 de Ferrosur esperando en el extremo de la playa para salir rumbo a Olavarría. Luego de apretar VARIAS veces el gatillo de la cámara decidí continuar viaje hacia Cañuelas. Al llegar encontré en la playa a la 2001 a la 9020 y a la 9010 además de la Brian realizando cortes de vagones. Después de sacar varias fotos decidí realizar una visita a La Noria (siguiente Estación para el lado de Olavarría), e aquí el primer gran inconveniente del viaje ya que el camino que separa la ruta 3 con las vías de Ferrosur son 14 km de tierra que ese día eran intransitables por la lluvia de la noche anterior, pero como sabrán para un ferroadicto no hay nada imposible, asi que me mande igual, después de hacer algunos kilometros paso lo inevitable "la 4 x 4" quedo atascada en el barro, imagínense la situación 10 de la mañana camino a La Noria (mas o menos como decir camino a la casa de Cadorna) al frente un cielo que parecía se caía abajo y con mi novia que no paraba de protestar, después de media hora de poner ramas y todo aquello seco que podía encontrar salimos de allí, pero todavía faltaba mas ya que al llegar al destino final descubrí que no estaba en La Noria sino en Aboott, cosa rara si las hay por que según la gente de la Estación la única manera de llegar es por el camino asfaltado de 3 km. que conecta con la ruta 3. Pero todo sacrificio tiene su premio es así que a los cinco minutos de llegar apareció la 9049 con la 9007 y 55 vagones(cerrados, tolvas, contenedores, de todo un poco) al pasar la Estación el tren se detuvo y las dos locomotoras comenzaron a maniobrar, llegaron hasta la mitad del tren y se separaron siguiendo la 9049 hacia Olavarría y la 9007 engancho un tren con tolvas a V.Casares. De vuelta en Cañuelas la cosa continuo de para bienes ya que al rato apareció la 2001 que ya hacia rato se había ido para el lado de Aboot con 35 tolvas pedreras, para todo esto la lluvia ya había comenzado y me quedaban solamente 8 fotos y 10 pesos en el bolsillo justo para la nafta así que luego de averiguar en la oficina de operaciones decidí descargar las ultimas fotos en el carguero que estaba por salir con 42 vagones hacia Olavarría con la 9010 a la cabeza, mire la hora y eran recién las 2 de la tarde y pense todo esto me paso en solo 5 horas cosas del destino no?? Juan Ignacio Rocoroni
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Viaje a Iriarte por Mario Barrientos. Desde el ocaso, recuerdo la gloria.
Un viernes como cualquier mañana, previa combinación telefónica, me levanto y preparo mi bolso, mi cámara de fotos, mi cuaderno de apuntes, y cambio el saco y la corbata de todos los días por el vaquero y la camisa, zapatos por zapatillas. Y me voy a la oficina, en vez de trabajar hasta las 18:00 trabajaría hasta las 16:00, para luego tomar el tren en Belgrano hasta Retiro y de allí el tren hacia Iriarte a las 18:00 horas. La jornada se desarrollo como siempre, papeles mas papeles, bancos, clientes, proveedores y yo con mi cabeza y mi mente en el viaje, como aquel chico que espera la nochebuena para su regalo o los reyes, así estaba este profesional de 31 años, matriculado y todo. Llega la hora, con Marcelo Tinelli me despido como aquel que va en busca de la gloria, o aquel que sabe que ha jugado su mejor partido ante un estadio colmado de espectadores. Mis espectadores están en mi mente, cada paso hasta la estación de Belgrano es una eternidad, no llego nunca, llegue. Saco mi boleto y el servicio no funciona, la suerte me juega un amague, cambio boleto de tren por la búsqueda desesperada de unas monedas para el impopular, mediocre, (ya esta bien de insultos) servicio de transporte automotor, me tomo el 130, en avenida Libertador, un calor, arriba del colectivo, terrible. Vuelta y vueltas, semáforos y semáforos, frenadas, arranques, quiero llegar, grito desde mi interior. Retiro, ese lugar tan querido, para los amantes de los trenes, recuerdo las tardes que iba a ver salir los trenes con una gaseosa y un choripan, porque el presupuesto no daba para mas y me pasaba las tardes, después de la oficina, viendo salir los trenes, del Mitre, luego del San Martín, "El Estrella del Norte" "Expreso Ciudad de Tucumán", "La Brujita", "El pata de perro", "La chancha a Venado", y en el San Martín "El Libertador", "El Aconcagua", "El Sanjuanino", "El Cóndor", "El Martita", "El Sanrafeilino", "Sierras Grandes", luego, pedir a algún conducto que te lleve en la Alco, el tipo iba de Saco y corbata en la Alco RSD 16. Todos esos recuerdos en mi mente y de pronto la lluvia, se llueve mas ahora la estación que esta reparada que hace diez años cuando era de chapa, pero el entrar a la estación es especial, cierro los ojos (tengo que tener cuidado que no me roben) y recuerdo esas tardes con gente llena de bolsos, valijas, de todo, esperando su tren, el indicador de madera, con tablillas que giraban con las paradas del tren, el motor de las Alcos, una mística, que para aquellos que conocemos el tren es mágica. Me compro una botella de agua mineral, espero a Miguel, son las 17:00, los nervios van en ascenso, camino por la plataforma y allí esta en la vieja plataforma numero 1 cuatro coches turista y un furgón silenciosos, esperan a sus pasajeros, vuelvo a cerrar los ojos, y recuerdo el ruido del coche pullman, de los camarotes, del comedor, cuantos recuerdos si esta parece que los tocara, pero un empujón me rompe el recuerdo, me encuentro con la realidad, una terminal de ómnibus que vista desde la estación parece un hormiguero. Yo con este amor que siento por los trenes no cambio un viaje en tren por un viaje en el mejor de los ómnibus, pero esa es otra historia. Vuelvo al hall del edificio y allí aparece Miguel, mojado como pato que salió del agua, saludos, boletería, boleto, llamado telefónico a mi media naranja para decirle que estoy a punto de volver a vivir la historia, - Buen viaje- es la respuesta. No entendería lo que significa para un tipo como yo, subir a un tren de "Larga distancia", con el mayor de los respetos a los antes mencionados. La Alco esta a la cabeza, Miguel encara las negociaciones para llegar a subir a la maquina, y allí vuelve con la misma sonrisa que yo hubiera puesto, en Paz, por J.C.Paz nos subimos, gol de media cancha, son las 18:00 bocinazo, y allí parte mi tren, nuestro tren, el mismo tren que en un momento de la vida, fue el símbolo del progreso, el vehículo mas importante de la cultura, el tren que movía las riquezas de mi país, de nuestro país, el mismo tren por el cual llore cuando un decreto de "innecesidad" lo mataba porque no era rentable, el tren, que mas. Veo un guarda, con el porte clásico de la época de Ferrocarriles Argentinos. -Boletos, por favor-, cierra la puerta del vestíbulo y entra en el coche, nosotros en el vestíbulo, como "colados", pero contando las estaciones para ir a la maquina. Palermo, Chacarita, Paternal, Villa del Parque, Devoto, Saenz Peña, Santos Lugares, Caseros, Mi Caseros, su estación, su plaza, su gente, la "Catanga" de la plaza, y seguimos, señal a peligro antes de San Miguel, quince de espera, jugamos con los binoculares de Miguel, bocina San Miguel y J.C.Paz, el lugar del cambio, el lugar de ir a la maquina. Mucha gente sube al tren muchos como en otras épocas. Miro la formación en la estación y es un tren de "Larga Distancia", un poco mas pequeño, pero "Larga Distancia", al fin. Presentaciones de rigor con los conductores, y nos ceden el asiento del acompañante, la bocina la salida y de nuevo los recuerdos esta vía era una maravilla, recordaba. Paramos en Pilar, suben mas pasajeros, mas bolsos, mas pasajeros, como si fuera el tren a la salvación. Bocinas y empieza a utilizarse la radio, veo los postes de la señales vacíos, ni siquiera un nido de algún pájaro, nada solo el poste, cables telegráficos en el piso. Pareciera como que el presente quisiera borrar el pasado de los trenes como si esa radio fuera celosa de los cables que van paralelo a las vías. La vegetación se vuelve sumamente espesa, y de pronto la doble vía desaparece, esta tapada de yuyos, los conductores me dicen que nunca mas paso un tren por ahí desde la privatización. Las estaciones han pasado a ser un triste testigo a la veda de la vía, apenas se sabe que es una estación por el conocimiento de quien maneja no porque se vea una estación, la vegetación no me deja ver el edificio, perdón las ruinas, y a pesar de ello como fantasmas sorprendidos están los pasajeros, que suben y bajan, no tienen miedo de este paisaje, y el tren tampoco, parece llevarse por delante la selva y pasar sin importarle nada. La radio y los códigos de autorización que ellos solamente entienden, yo no entiendo nada mi compañero tampoco, era mas lindo el aro, el palo staff, el boleto de vía libre, la señal era mas ferroviario, hoy no están, son un recuerdo y me da bronca. Bronca porque la nostalgia es el motor de la historia, y nosotros tenemos nostalgia, tenemos recuerdos y conocemos la historia y queremos corregir y avanzar pero la realidad como lapidaria que es nos muestra que no es así, que es lo que hay y con eso hay que salir. Paramos porque hay que bajar a sacar una cerradura de un cambio, pasar el tren y volver a cerrar. Pienso: -el día que llueve el conductor baja, se embarra, se moja, se arriesga, todo ello por bajar costos- soy contador, entiendo los números, pero también entiendo el significado de la vida. Seguimos, y los recuerdos me vuelven a la memoria como golpes de sangre. Me recuerdo viajando en un coche pullman, mirando por la ventana el paisaje de mi país y lo comparo con el actual y me siento estafado, porque me robaron los trenes de larga distancia porque los pueblos ya no tienen ese entretenimiento de ver el tren parar o pasar, porque no conozco a nadie que vaya a una terminal de onmibus a ver el onmibus, porque ya no me paro en mi Caseros natal, a ver pasar los grandes gigantes del San Martín, no tengo que mirar, nada mas veo los locales a Paz y Pilar, cargado de pasajeros cansados, que lo único que sueñan es llegar a su casa. Pero un golpe de vía me vuelve a la realidad, recordar ayuda, es cierto pero el tren avanza como pidiendo permiso en la noche de la provincia. De pronto Chacabuco, el tren para, mi rostro se alegra, un jefe bajan y suben mercaderías al furgón, el tren esta vivo, el tren que yo quiero vivir esta vivo. Bocina, silbato de guardo, punto dos y allá vamos en busca de Junin, una nueva ronda de mates, que aplacan el hambre que tenemos, rotamos en la cabina el paisaje es distinto, los postes pasan más rápido, los golpes de vía también, de pronto se empieza a ver la ciudad de Junin. Llegamos tarde, perdón atrasados, pero no importa cuanto más dure el viaje mejor para los que somos amantes del Ferrocarril. En Junin cambia el personal de conducción sacamos unas fotos para luego entregarle a los muchachos conductores, en la Diosa de las vías, la Alco RSD 16. Junin, el panorama es desolador, los talleres que fueron un pulmón en el ferrocarril, y que llegaron a tener tres turnos de obrero, hoy a la medianoche parece estar dormido esperando el único turno que quedo recién el lunes por la mañana, que lastima. La playa de cargas, es un montón de vagones pero sin su fiel compañero el furgón de cola, ¿Quién no recuerda al furgón de cola? ¿Cuántas veces saludamos al guarda? Recuerdos recuerdos que pesan en la memoria. La estación, hermosa blanca y celeste como la bandera de la patria, recibe el "tren de larga distancia". Saludos de conductores, promesas de entregar las fotos, algún día en Retiro. Nuevos conductores y como "chanchos" sin problemas seguimos en la Alco RSD 16, hasta Iriarte. Debemos hacer la maniobra el furgón y un turista a tercera, maniobra que interrumpe el normal desenvolvimiento del transito, ya que el paso a nivel esta pegado a la estación y el cambio para hacer la maniobra esta del otro lado. Dejamos los coches volvemos a primera, la gente que sube y baja, la luz de los coches cada vez más tenue, las baterías no dan mas, y de pronto la salida. A la salida de la estación los piedrazos, de algún inconsciente, pero seguimos, informan por radio de las piedras. Avanzamos, vemos los cambios a ramales, campo mas campo y una pequeña brisa entra por la ventana de la maquina y el apetito que cada vez es más. Nos ponemos a pensar de ir a comer en Iriarte al club de la estación donde siempre hay que comer. Las estaciones son tenebrosas construcciones en medio de la maleza. Luego, ya si Iriarte, y su humilde estación, con pocos pasajeros llegamos casi las dos de la mañana, tengo hambre, el club cerrado, bajamos de la maquina y hacen la maniobra, fotos en medio de la noche, algunos dirán estos locos sacando fotos a esta hora, pero no importa, ni la hora ni el cansancio ni nada. El tren queda rearmado, buscamos algo para comer y en el medio del pueblo, hay corso, carnaval, lo único para comer panchos y gaseosa, antes que nada, pero estaba feo, un perro es nuestro compañero de cena quien no tiene el fino paladar nuestro y como con nosotros, satisfecho mueve la cola y se va en busca de otra mano que le de comida. ¿Por qué será que a los ferromodelistas se le pegan los perros de las estaciones? ¿No serán ferromodelistas o ferroviarios de otra vida? ¿En que estación no hay un perro? Recién a las tres y pico de la mañana el tren saldrá de nuevo para Retiro. Miguel, mi amigo y socio de viaje, llama por teléfono a la señora, desde una cabina que parece robada de la historia parece una cabina inglesa, las de Londres de las películas. Vamos silbando bajito, con nuestra gaseosa bajo el brazo, rumbo a la estación. Hablamos con el jefe, auxiliar, señalero, cambista, boletero, es decir con el único que hay a cargo de la estación. Nos abre el baño donde nos refrescamos un poco, tenemos todavía un montón de horas de viaje de nuevo a Buenos Aires. Nos sentamos en el banco de la estación como cuando mi viejo me llevaba a la estación de Caseros, o bien a la estación de Campana, cerca de la casa de mis abuelos. Seguramente Miguel, recordara algo parecido, en su lugar. De nuevo volvemos en la locomotora, por lo menos hasta Junin, que es donde cambia nuevamente el personal de conducción. El viaje es más lindo, vemos mas gente esperando el tren en las estaciones, aparte mas gente despide a los pasajeros, es más emocionante. El problema es el siguiente: ¿En Junin tenemos que ir a los coches? ¿O podremos seguir en la maquina? Dependemos del personal de conducción que suba en Junin. El ingreso a Junin es más lindo se ven mas luces y ya hay destellos del amanecer. Llegamos y por las dudas bajamos de la maquina a esperar la gestión de los conductores para que sigamos en la locomotora. Ya esta amaneciendo. En Junin, asumen la locomotora nuevos conductores, que serán los que llevaran el tren a Retiro. Los antiguos conductores le informan quienes somos nosotros y como esperábamos seguimos en la locomotora, cumplimos el sueño de volver a Buenos Aires en la locomotora. El paisaje, me imagino, debería ser distinto. La luz del día nos permitirá ver cosas que no vimos en el viaje de ida, pero es anticiparse a los hechos. Bocinazo, punto dos, tres y la "diosa de las vías", como yo llamo a la Alco RSD 16, se pone pesadamente en marcha. Nuevamente los piedrazos atacan al tren, por la radio informan de los piedrazos. Algún día entenderán que el tren sea del estado o privado no es un polígono de tiro para que ellos practiquen su puntería. Es una muestra mas de nuestra falta de seriedad y respeto por los demás. Los conductores nos dicen que siempre reciben esas muestras de cariño. El sol que nos empieza a acompañar tiene la virtud de posarse en la vía produciendo un espectáculo hermoso, digno de cualquier aficionado al tren y porque no de la fotografía. La vía, se ve mal y se siente peor la Alco avanza, las primeras paradas. Los pasajeros esperan el "Caballo de hierro" los saludos los abrazos toda esa magia que tiene el tren respecto de los demás medios de transporte. La bocina rompe el silencio de la mañana la gente que trabaja el campo mira el tren pasar talvez añorando como muchos que ese bocinazo fuera cada rato un tren que circula, pienso yo. Alguna vez he visto en las películas que la gente saluda al tren, desde el campo. ¿Será porque nunca han viajado? ¿Será porque le llama la atención? La verdad puede ser por cualquier motivo. Cierro los ojos y recuerdo cuando volvía en "El Libertador" y desayunaba en el coche comedor, que días aquellos. También recuerdo sentado en el asiento del acompañante el día que me anote para ser conductor, en la época del Ferrocarril Estatal. Soñaba con manejar una locomotora y llegar a la estación y recibir el saludo de la gente, pero eso es historia. Un golpe en la vía me despierta, sigue la ronda de mate. De pronto Mercedes, hay que hacer cambios para avanzar, hay un tren aceitero, las fotos no fallan, nuestro tren en una silueta increíble también cae ante las cámaras. Falta poco y las estaciones tienen mas personas y más desolación. Cabinas de señales abandonadas estaciones que parecen mas un recuerdo de alguna película de terror en vez de una estación, nos van acercando a la ciudad de Pilar, señal a peligro. Ingresamos lentamente a la estación. En la vía tres un local. La señal de peligro era por la maniobra de la locomotora del tren local. Seguimos y llegamos a J. C. Paz, para Miguel aquí termina el viaje, el tomara el local a San Miguel y de allí un colectivo a Ituzaingo. Yo, gracias a Dios, sigo hasta el paso a nivel de la calle Hornos en Caseros, donde de acuerdo al diagrama esperaremos señal. Abrazos saludos de rigor y un compromiso de hablar después. Vamos atrás de un local, como siempre, pareciera que el local debe ir retrasando a nuestro tren, pero no importa, es mas tiempo en la locomotora, curva del Palomar, el final es inevitable. Paso a nivel, descenso de la Alco como un conductor mas. El viaje llega físicamente a su final pero el recuerdo como cualquier huella es imborrable. Me paro en el paso a nivel y veo pasar al tren de larga distancia. Los recuerdos de este viaje golpean en mi cabeza como intentando grabarse de por vida. El viaje termino es cierto. Pero para quienes tenemos una especial pasión por los trenes siempre estará en nuestra memoria. Como dice el titulo, lo que vive años atrás es la Gloria, la Gloria de ver un tren que une distintas partes de un país maravilloso como el nuestro, la Gloria de ver personas que lo necesitaban y que necesitan de el. Esa Gloria que un decreto de "Innecesidad" nos robo el tren, ese tren que era: "CUANDO UN TREN SE MUEVE, SE MUEVE EL PAIS" "A TODO EL PAIS A TODO TREN". Ahora el país no se mueve y los trenes tampoco, y a ningún lado del país porque el tren no esta. Parece que la historia de nuestros trenes tiene un final lamentable: la vía muerta. El ocaso, es el presente donde la falta de
inversión genuina ha hecho que el tren de pasajeros pase a ser
un recuerdo de la historia. Nosotros los que tenemos ese valor de la nostalgia
y sabemos que la nostalgia es el motor de la historia, nos negamos a perder
la historia de nuestro país de vuestro país. Esperamos que
algún día, algún político entienda que nos
pueden robar muchas cosas pero que mientras halla gente con nostalgia
jamas, pero jamas nos van a poder robar la historia que vivimos, y el
recuerdo de ella. Gracias por haber leído esta nota, seguramente
habrá nuevos viajes, mientras halla trenes en nuestro país,
y el día que no halla, nuestra nostalgia y nuestros trenes en miniatura
recordaran la historia, para que las nuevas generaciones sepan que es
lo que no se debe hacer con un pedazo de gloria de la historia de nuestro
país. |